El tercer trimestre de 2026 estuvo marcado por el fuerte repunte del precio de la energía como consecuencia de la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán. El Brent avanzó cerca de un 42% durante el periodo, reavivando las presiones inflacionistas y llevando a la Reserva Federal a realizar su primera subida de tipos desde 2023. Como consecuencia, el Treasury estadounidense a diez años pasó del 4,5% al 5,3% durante el trimestre, generando pérdidas en la mayoría de los segmentos de renta fija.
Pese a ello, la renta variable global mostró una notable capacidad de resistencia. El S&P 500 avanzó un 2,0% y el MSCI World un 1,6%, apoyados principalmente por las grandes compañías tecnológicas y por el excelente comportamiento del sector energético. A esto se añade la apreciación del dólar. Por el lado contrario, Europa cayó un -1,1% en el trimestre, lastrada por su mayor peso en sectores más sensibles a los tipos de interés y las preocupaciones sobre crecimiento.
La inteligencia artificial continuó siendo uno de los principales motores de mercado. La fuerte inversión en centros de datos, infraestructuras digitales y semiconductores impulsó a compañías como Microsoft, Nvidia, AMD o TSMC, consolidando la temática de IA como uno de los grandes focos de crecimiento estructural. En este entorno, energía y tecnología lideraron las rentabilidades, mientras que los sectores más sensibles a los tipos de interés, como utilities, inmobiliario y pequeñas compañías, registraron un comportamiento significativamente más débil.
En renta fija, el BCE realizo una segunda subida de 25 puntos básicos en lo que llevamos de año. La FED ha seguido el mismo camino, cambiando su sesgo. Todo esto ha hecho que la deuda soberana, de ambas regiones, haya tenido un peor comportamiento relativo que el crédito corporativo.
A lo largo de este trimestre, la cartera de renta fija ha drenado un 1,12% de rentabilidad. Durante este trimestre hemos mantenido una estrategia activa de duración, incrementando a finales del mes de septiembre hacia niveles de 2,8 años.
Durante este trimestre hemos abierto posiciones varias posiciones en futuros de deuda pública alemana y americana para aprovechar el tensionamiento en el activo.
En cuanto a la cartera de renta variable, importante la revalorización experimentada especialmente por el sector de tecnología; entre los valores que resaltamos son Microsoft, NVidia, Apple, Meta y Accenture. Por el contrario, consumo básico, discreccional y financiero, han sido los sectores con peor comportamiento relativo, así, Goldman Sachs, Caterpillar, Ge Aerospace y Nestle, se encuentran entre los valores que han drenado mayor rentabilidad. La exposición a renta variable en el entorno del 18%, con un sesgo muy balanceado entre growth y quality. La aportación de la cartera de renta variable en el trimestre ha sido de un 0,33%.
De cara al último trimestre del año, la atención de los mercados seguirá centrada en tres factores: la evolución del conflicto en Oriente Medio, las decisiones de los bancos centrales y la sostenibilidad del ciclo de inversión ligado a la inteligencia artificial.
Tras el fuerte repunte del petróleo registrado durante el tercer trimestre, los precios permanecen en niveles elevados y cualquier nueva interrupción de los flujos energéticos en Oriente Medio podría prolongar las presiones inflacionistas y dificultar la labor de los bancos centrales.
En materia monetaria, la Reserva Federal ha dejado claro que su prioridad sigue siendo contener la inflación. A pesar de que algunos indicadores de actividad y empleo comienzan a mostrar cierta moderación, los mercados continúan descontando la posibilidad de nuevas subidas de tipos y mantiene elevada la volatilidad.
Por el lado positivo, la economía global continúa mostrando una capacidad de resistencia mayor de la esperada y los beneficios empresariales siguen siendo sólidos. La inteligencia artificial continúa consolidándose como una de las principales tendencias estructurales de crecimiento.
En Europa, la evolución de la actividad económica y de los costes energéticos seguirá siendo clave. La región afronta un entorno de crecimiento más moderado que Estados Unidos y una mayor sensibilidad a la evolución de los precios de la energía, aunque las valoraciones continúan siendo relativamente atractivas en comparación con otros mercados desarrollados.
En conjunto, el escenario para el cuarto trimestre sigue siendo constructivo para la renta variable, apoyado por el crecimiento de beneficios y las tendencias estructurales asociadas a la inteligencia artificial. Sin embargo, la persistencia de unos tipos de interés elevados, las incertidumbres geopolíticas y unas valoraciones más exigentes aconsejan mantener un enfoque selectivo, favoreciendo compañías con ventajas competitivas sólidas y capacidad de fijación de precios.
Para el final de año esperamos que ambos bancos centrales continúen con su tendencia alcista, debido a una inflación que va a ser más difícil de doblegar mientras el conflicto continue estancado.