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Los fraudes online son cada vez más difíciles de identificar y tu cerebro cada vez presta menos atención, pero puedes adquirir algunos hábitos para protegerte.
¿Por qué hoy somos más vulnerables que nunca frente a las ciberestafas? El diagnóstico se resume en una idea: el factor humano es el eslabón más débil de la cadena. Así lo expresa la criminóloga especializada en ciberseguridad María Aperador. Desde su experiencia, la ciberdelincuencia siempre va un paso por delante. De hecho, su objetivo actual parece ciencia ficción: la suplantación de identidad integral, clonando incluso rostro y voz mediante inteligencia artificial (IA).
El problema no es solo que la IA haga casi imposible distinguir lo real de lo falso, sino que nadie nos ha enseñado a protegernos en un entorno casi 100% digital. Como señala Aperador, “antes nos engañaban porque no sabíamos mirar; ahora, ni mirando podemos saberlo”.
Para entender por qué tú también puedes caer en la trampa, primero tienes que saber cómo funcionan los sistemas de tu cerebro:
El primer sistema es exactamente el que atacan los ciberdelincuentes; el segundo es el que debería defenderte. Sin embargo, la vida digital actual mantiene el sistema reflexivo apagado. Probablemente estás varias horas al día (de media los españoles pasan 5 horas diarias frente a pantallas) en lo que se llama “bucle dopaminérgico de búsqueda de recompensa”, por el que saltas de un estímulo a otro en redes sociales, televisión y plataformas.
A esta adicción al móvil se suma la sobrecarga informativa, a menudo repleta de noticias alarmantes. Todo esto entrena a tu cerebro para no pensar.
En este contexto, los atacantes, que cuentan con especialistas en psicología en sus equipos, saben exactamente cómo redactar un mensaje para manipularte. Quieren que hagas clic por curiosidad o miedo, como el que te infunden ante una falsa notificación de la Agencia Tributaria, por ejemplo.
Hay patrones que se repiten en casi cualquier ciberestafa, señales de alerta universales. Profesionales como Raúl Beamud, experto en seguridad en Microsoft, comparte algunas claves. Si detectas la siguiente combinación de factores, debes dejar de interactuar con la llamada o el mensaje inmediatamente:
Ante este panorama, la primera defensa no es técnica, sino mental. Estas son las tres reglas de oro:
1. Lógica, pensamiento crítico y desconfianza por defecto
La regla de oro es desconfiar siempre, incluso de lo que parece oficial. Antes de pulsar un enlace, abrir un adjunto o responder, la consigna es: para, respira y no reacciones. Pregúntate por qué te llega ese mensaje.
Esta desconfianza debe aplicarse también a la desinformación; los algoritmos te encierran en burbujas para mostrarte solo el tipo de contenido o posición que te gusta. Cuando verificas la información, puedes desactivar la mayoría de los engaños.
2. Higiene digital: el escudo técnico
A las defensas mentales hay que sumarles una capa técnica indispensable:
Gestores de contraseñas: puedes instalar en el móvil o el ordenador una caja fuerte digital que genera y custodia contraseñas robustas y distintas para cada servicio.
Doble factor de autenticación (2FA / MFA): añade un código adicional al inicio de sesión te permite bloquear al atacante aunque haya robado tu contraseña.
3. Hábitos cotidianos y volver a la monotarea
El cambio de costumbres multiplica tu seguridad. Es vital dejar de hacer varias cosas a la vez y dejar de llevar el móvil en la mano todo el día, contestar mensajes mientras trabajas o mirar redes sociales mientras estás en otra conversación. Estas conductas reducen a cero tu capacidad de prestar atención y detectar engaños.
Si caes en la trampa, los primeros 15 minutos son decisivos. Carlos García, jefe de la Brigada Regional de Policía Judicial de la Policía Nacional, aclara el orden de pasos que debes dar para actuar:
Para cerrar el círculo de protección, es fundamental reducir tu “superficie de ataque”, publicando menos datos personales en internet. Cuanta menos información circule sobre ti en la red, menos munición tendrán para personalizar el engaño. Protegerte es una decisión consciente sobre cómo tratar cada estímulo que llega a tu pantalla.
(*) Información obtenida en la jornada “En tiempos de IA, ¿cómo defenderte del fraude?”, organizada por IAON el 4 de mayo de 2026.