La inmigración como alternativa al fin del dividendo demográfico

En el trabajo analizamos cómo la caída global de la fecundidad y el envejecimiento llevarán al fin del dividendo demográfico, especialmente en Europa. Analizamos que la inmigración puede mitigar parte de la pérdida de población activa, sostener el crecimiento potencial y aliviar tensiones fiscales, aunque no constituye una solución completa ni automática. El impacto económico y fiscal de la migración depende de la edad, formación, origen e integración laboral de los migrantes. Para terminar, se manifiesta que Europa debe planificar una política migratoria ordenada, coordinada con natalidad, infraestructuras y desarrollo territorial.

Un artículo de Jaume Sáenz de Santamaría Malo, analista en Ibercaja Gestión, y Óscar del Diego Ereza, director de Análisis en Ibercaja Gestión publicado en el número 88 de la revista Economía Aragonesa.
 

• El mundo se dirige hacia un escenario de máximo poblacional y posterior decrecimiento demográfico. 
• La caída de la fecundidad es el principal motor del fin del dividendo demográfico. 
• Europa ya sufre envejecimiento, baja natalidad y riesgo de pérdida de población activa. 
• La inmigración puede compensar parcialmente la despoblación y sostener el mercado laboral. 
• Sin inmigración, las proyecciones demográficas europeas serían mucho más negativas. 
• El decrecimiento poblacional reduce el crecimiento potencial, la inversión y la innovación. • La sostenibilidad fiscal depende cada vez más de mantener una base laboral suficiente. 
• El efecto fiscal de la inmigración no es homogéneo: depende de integración, edad y formación. 
• Europa debe pasar de gestionar la inmigración como riesgo a planificarla como oportunidad.

Manos de personas con distintos tonos de piel formando un círculo

Introducción

El siglo XXI marcará un punto de inflexión sin precedentes en la historia de la humanidad. Por primera vez desde la Revolución Industrial, sabemos que el orden global se enfrentará a un escenario de decrecimiento demográfico. Según las proyecciones de las Naciones Unidas, el mundo verá su población máxima allá por el año 2084 para iniciar, a partir de ese momento, un descenso gradual (1). Esta tendencia no es fortuita; desde hace dos décadas, tanto las economías desarrolladas como las emergentes han ido dando pasos acelerados hacia esta dirección. La caída en la población responde al hundimiento en la tasa de fecundidad (2), hecho que se repite a lo largo y ancho de todo el globo.

A pesar de ser un fenómeno de maduración lenta, este ya impacta en el presente. Las sociedades occidentales, con un envejecimiento demográfico acusado y una tasa de fecundidad baja, lideran esta transición. Nunca antes las zonas más ricas, prósperas y con mejores condiciones geográficas para el desarrollo humano y del comercio habían visto crecer (o incluso decrecer) su número de habitantes a ritmos menores que zonas con peores características. La migración es la respuesta lógica a un evento de esta magnitud. Es por ello que el viejo continente europeo reúne condiciones para ser un polo receptor de flujos migratorios que compensen la despoblación local, ya que sus particularidades hacen que sea un territorio atractivo para vivir y asentarse.
 

Población y densidad de población


En la actualidad, en el mundo habitan cerca de 8.300 millones de personas, una cifra que contrasta significativamente con los 2.493 millones registrados en 1950 y los 6.172 millones del año 2000 (3). Desde mediados del siglo pasado, el crecimiento global ha mantenido una tasa promedio del 1,6% anual y, aunque ha estado marcado por distintas fluctuaciones cíclicas, ha mostrado una notable estabilidad estructural, impulsada en las últimas décadas por el dinamismo de economías emergentes, con India y China como principales vectores de expansión.

Sin embargo, esta dinámica histórica está en peligro de extinción. De acuerdo con el escenario base de las proyecciones demográficas de las Naciones Unidas, la humanidad alcanzará su techo de población antes de terminar este siglo, con una población cercana a los 10.300 millones de habitantes. Tras ello, un descenso gradual, pero igualmente erosivo irá menguando la población global. El factor determinante de esta transición hacia el decrecimiento se encuentra en la tasa de fecundidad global (TFG).
 

Gráfico de líneas que muestra la caída de la tasa de fecundidad en distintas regiones entre 1950 y 2040.

Los motivos que explican la caída en la TFG son variados. Algunos autores argumentan que se debe a la soledad y al aislamiento causado por la adopción de la tecnología en general y de los teléfonos móviles en particular (4). Sin embargo, otros estudios apuntan a factores económicos y sociodemográficos, como el coste de oportunidad de la maternidad y el efecto del retraso en la edad que tiene la mujer al tener el primer hijo (5).

Por otro lado, es significativo cómo los máximos de población no se alcanzarán en todas las áreas a la vez. En Europa, ya se habría alcanzado; en Asia y Latinoamérica, se alcanzaría sobre 2055; en Norteamérica y Oceanía, la población seguiría creciendo moderadamente hasta 2100; finalmente, la población de África llegaría a 2100 todavía creciendo y habiéndose triplicado en el periodo.

Con estas proyecciones, en 2100, el 37% de la población mundial viviría en el continente africano; el doble del porcentaje actual. Por el contrario, tan solo un 6% y un 4% lo harían en Europa y EE. UU., respectivamente. 
 

Gráfico de líneas que muestra la proyección de la población mundial en millones de habitantes por continentes entre los años 2020 y 2100.

¿Tiene esto sentido? Las teorías sobre la distribución de la población sobre el territorio son variadas, pero se pueden concentrar en dos corrientes: las que dan más importancia a los factores geográficos (6) y las que resaltan los factores económicos (7). En general, y existiendo múltiples excepciones, se puede establecer que la densidad de población de un país se ve afectada por los siguientes factores:

  • Tamaño del país: a mayor tamaño, menor densidad. Los territorios con ventajas competitivas tienen incentivos a establecer su autonomía de gobierno, mientras zonas más desfavorecidas buscan la protección dentro de estados más grandes.
  • Comunicaciones con otras zonas geográficas: a mejor acceso, mayor densidad. Históricamente, las poblaciones se han asentado cerca de las costas y los ríos para poder establecer rutas comerciales con mayor facilidad.
  • Fertilidad de la tierra (% de tierra cultivable): a mayor fertilidad, mayor densidad. En el pasado, el sector primario era el motor económico y era polo de atracción de población. En la actualidad, ha perdido importancia económica, pero sigue siendo un sector intensivo en mano de obra.
  • Factores climáticos: altura y temperatura media de una zona. Relacionado con la transmisión de enfermedades tropicales. A mayor altura, menor densidad. El impacto de la temperatura no es lineal: zonas muy frías o calientes presentan densidades inferiores a las de temperaturas medias de entre 15 y 18 grados.
  • Desarrollo económico: las economías más desarrolladas son polo de atracción de los flujos migratorios, pero el desarrollo económico también lleva consigo un cambio en los hábitos de vida que afecta tanto a la tasa de natalidad como a la de mortalidad. Eso hace que la relación no sea muy intensa entre desarrollo económico (PIB per cápita) y densidad de población. Se produce además otro fenómeno:
    • En las economías con buenas comunicaciones (costa), las economías de escala por aglomeración (Krugman) tienen efecto positivo en el crecimiento económico. El principal ejemplo sería Corea del Sur.
    • En las economías interiores, la aglomeración tiene efectos negativos sobre el crecimiento económico. Existen países con bajo PIB per cápita con mucha densidad de población. El caso más llamativo es el de Bangladés (Trampa demográfica de Sachs).
  • Instituciones: el nivel de las instituciones de un país afecta positivamente a la densidad de población. Muchas veces, la historia (decisiones acertadas en el pasado) y la geografía de un país tienen influencia en su nivel de buen gobierno.

Por tanto, teniendo en cuenta la importancia de los factores geográficos, las estimaciones de la ONU parecen difíciles de cumplir. Una hipótesis alternativa es que los flujos migratorios reales terminen siendo superiores a los incorporados en el escenario base. Tendríamos que multiplicar por 4 las estimaciones que realiza la ONU para los flujos migratorios -manteniendo el resto de variables constantes- para que el porcentaje de población europea en 2100 se mantuviera relativamente estable (8%); el de EE.UU. subiría del 5% al 8%; y el de África se quedaría en el 35%, todavía muy elevado. Incorporando los efectos del cambio climático, las proyecciones de emigración de población africana hacia otras zonas con mejores condiciones probablemente serán superiores a las previstas.
 

¿Cuánta gente cabe en un país? El caso suizo

Suiza, recientemente, ha realizado un referéndum para limitar la población máxima a 10 millones de personas, hecho que ha abierto el debate de si existe un límite para la población de un país o, al menos, una densidad de población óptima.

Los grandes países por población son normalmente los más extensos por territorio, aunque presentan densidades relativamente bajas. Bangladés e India son las principales excepciones. Los países más densamente poblados suelen ser pequeños y con economías dependientes del sector financiero y/o turístico. Su PIB per cápita es normalmente alto. Bangladés repite como la principal excepción.
 

Tabla comparativa con datos de población, densidad, características geográficas y PIB per cápita de varios países altamente poblados
Tabla comparativa de indicadores demográficos, geográficos y económicos de diversos países

En el caso particular de Suiza, su población actual ronda los 9 millones de habitantes, con una densidad de población de alrededor de 215 habitantes/Km2. Por sus características geográficas, Suiza no sería un reclamo de población. No tiene salida al mar (aunque tiene ríos) y la mitad de su territorio es montañoso. Sin embargo, la historia sí que juega a su favor: neutralidad en guerras, favorecida por su geografía que la hace difícil de atacar y controlar, unas instituciones con prestigio internacional y ventajas fiscales. El país más parecido sería Austria, aunque ésta es menos densa ya que, con el doble de terreno, tiene una población similar.

Con 10 millones de habitantes, Suiza tendría una densidad de población de 243 hab/km2, una cifra parecida a la de Luxemburgo, Liechtenstein o Catar. La población de España equivalente sería de 123 millones de personas y la de Aragón, de 12 millones.

El análisis, por lo tanto, muestra que en Suiza no existe un limite físico evidente en términos estrictos de densidad. Sin embargo, para este país, el umbral de 10 millones puede entenderse como una referencia política o de capacidad institucional, vinculada a vivienda, infraestructuras, mercado laboral y relación con la UE. Una especie de densidad óptima. Aunque la propuesta se ha rechazado, el debate sigue abierto.
 

La migración en Europa

Actualmente, la migración en Europa es principalmente un fenómeno intraeuropeo, aunque se va globalizando con el paso de los años. En 1990, se calcula que había unos 51,5 millones de migrantes, de los que el 60% eran de origen europeo. En 2024, se estima el número de migrantes alcanzó los 94,1 millones, con el 50% aproximadamente con país de origen fuera de Europa.

Entre los países de destino, por número de migrantes destacan las cuatro grandes economías europeas, pero por porcentaje de la población nacido fuera de sus fronteras destacan Suiza (32%), Luxemburgo (50%), Alemania (20%) y España (14%). En los últimos años, estos dos últimos países han sido claramente los grandes receptores de población migrante.

Recientemente, las fuentes de población migrante más importantes para Europa han sido Latinoamérica (con destino principalmente a España y Portugal), Norte de África (hacia España y Francia) y Este de Europa (de Ucrania y Rumania hacia Alemania e Italia).
 

¿Puede Europa vivir sin inmigración?

Salvo cambio importante en sus hábitos de vida, la población europea está destinada a reducirse en los próximos años. Eurostat prevé que de 447 millones de población de la Unión Europea en 2022 se pase a 419 millones en el año 2100, una reducción del 6%. La ONU hace unas previsiones todavía más pesimistas, con una población final de 348 millones (-22%). Sin flujos migratorios, la población pasaría a ser de 295 millones (-30%); 273 según la ONU. Las mismas conclusiones podemos sacar de las previsiones por países: los flujos migratorios sirven para mantener la población relativamente estable, en el mejor de los casos.

La pregunta es si la Unión Europea puede prosperar con una población menor. Teóricamente, con avances en la productividad que compensen el descenso en la fuerza laboral, se podrían mantener los niveles de PIB agregados; pero lo cierto es que el crecimiento potencial sería inferior al de un supuesto con población estable o creciente. Además, el descenso poblacional es un problema que se suma al envejecimiento poblacional, que ya de por sí añade presión al aumento de la productividad como única vía para crecer.

Finalmente, los niveles de deuda pública actuales son un factor a tener en cuenta, ya que a partir de determinados umbrales son incompatibles con una economía con unas perspectivas de crecimiento menores o potencialmente menores. Por lo tanto, aunque es factible desde un punto de vista teórico, la realidad es que Europa enfrentará múltiples dificultades si aborda el futuro con una población en descenso.
Si unimos a estas dinámicas la presión migratoria por efectos geográficos, la conclusión es clara: la migración hacia Europa es un fenómeno que no va a menguar en intensidad en los próximos años. Entendiendo esto, la obligación de los gobernantes es la de prepararse y planificar para que, en vez de una amenaza hacia el modelo actual de las sociedades occidentales, se convierta en una oportunidad.
 

El coste/beneficio de la migración

La medición de los costes y de los beneficios de la migración para la sociedad receptora dependen mucho de los supuestos que se realicen. Hay estudios que tratan de medir el impacto directo en las cuentas públicas en la OCDE, Alemania, Reino Unido y España, pero los realizados por Dinamarca en 2015 (8) y 2021 (9) son los que desagregan con mayor nivel de detalle los supuestos utilizados. Estos informes detallan la contribución fiscal neta en un modelo de ciclo de vida, donde proyectan todos los pagos y cobros al Estado de las personas inmigrantes y sus descendientes, e incluye factores clave como educación, sanidad, transferencias, desempleo, pensiones futuras e incluso justicia y criminalidad.

El punto clave para que la aportación del migrante sea positiva se encuentra en su integración en el mercado laboral, que a su vez depende de su edad, formación y su integración en la cultura del país. Como resultado, los migrantes jóvenes de economías más desarrolladas tienen un efecto positivo sobre la economía del país. Sin embargo, migrantes que llegan en edad de formación, de economías no occidentales o con una edad avanzada tienden a tener un impacto negativo en términos de contribución fiscal neta.

Por el contrario, la migración tiene un efecto positivo en el crecimiento económico de un país. Distintos autores argumentan que, en términos generales, la inmigración aumenta la población activa del país en un porcentaje mayor al que aumenta la población total (el porcentaje de migrantes en edad de trabajar es normalmente superior al de la población receptora) y eso hace que el PIB y el PIB per cápita crezcan. Este efecto es claramente positivo para las matemáticas públicas, ya que compensa el descenso de la población activa derivado del envejecimiento y facilita la reducción de los niveles de endeudamiento de los estados.
En conjunto, el efecto final dependerá de qué clase de migración, y en qué porcentajes, se incorpore al país y de cómo sea, principalmente, su integración en el mercado laboral.
 

Conclusiones

La demografía de un país es un factor fundamental en el crecimiento potencial de su economía y en el mantenimiento de las cuentas públicas. Además, influir en las características de la población requiere de una planificación a largo plazo, que no puede ni debe modificarse en cada ciclo electoral. El mantenimiento de los niveles de población de un país dentro de unos parámetros, con un crecimiento sostenido, pero controlado y distribuido por todo el territorio debería ser un objetivo establecido y conocido para los planes de desarrollo a largo plazo de cualquier economía. No hay una solución mágica, pero las políticas deberían ser coordinadas e ir encaminadas a fomentar la natalidad, el desarrollo de zonas menos pobladas, la construcción de infraestructuras y a establecer un plan de migración ordenado, con preferencia de inmigrantes cuyas contribuciones netas sean positivas.
 

1 UNITED NATIONS, DEPARTMENT OF ECONOMIC AND SOCIAL AFFAIRS, POPULATION DIVISION (2024). World Population Prospects: Base de datos. 
2 BANCO MUNDIAL. Tasa de Fecundidad: Base de datos.
3 UNITED NATIONS, DEPARTMENT OF ECONOMIC AND SOCIAL AFFAIRS, POPULATION DIVISION (2024). World Population Prospects: Base de datos.
4 FINANCIAL TIMES. Why birth rates are falling everywhere all at once, 2026. 
5 ORGANIZACIÓN PARA LA COOPERACIÓN Y EL DESARROLLO ECONÓMICOS (OCDE). Society at a Glance, 2024, P. 14-15.
6 Gallup, Sachs, Mellinger. Geography and economic development. 1998.
7 Fujita, Krugman, Venables. The Spatial Economy: Cities, Regions, and International Trade.1999.
8 MARIANNE FRANK HANSEN; MARIE LOUISE SCHULTZ-NIELSEN; TORBEN TRANÆS. The Impact of Immigrants on Public Finances: A Forecast Analysis for Denmark. IZA Discussion Paper, n.º 8844. Bonn: Institute for the Study of Labor (IZA), 2015. 
9 FINANSMINISTERIET. Análisis económico: red de inmigrantes – Contribución a las finanzas públicas en 2018. Octubre de 2021.