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La guerra en Oriente Medio mantiene en vilo a los mercados internacionales. El petróleo cotiza en niveles elevados, el gas resiste por ahora, y los bancos centrales reajustan su hoja de ruta. ¿Cómo afecta todo esto a los consumidores, las empresas y la economía española? Santiago Martínez, jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja, analiza el escenario en el informe de coyuntura económica de mayo.
La incertidumbre económica sigue siendo muy elevada en este mes de mayo. El conflicto en Oriente Medio continúa marcando la actualidad económica internacional, con consecuencias directas sobre los precios de la energía, el gasto de los consumidores y las decisiones de los bancos centrales. Así lo analiza Santiago Martínez, jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja, en el informe de coyuntura económica de Ibercaja de este mes.
Los precios del petróleo, a pesar de su fuerte volatilidad, se han situado en niveles altos, aunque no desconocidos en los últimos años. Los mercados están descontando una reapertura del estrecho de Ormuz antes de que se produzcan problemas de desabastecimiento y sin que haya daños estructurales en la capacidad de producción petrolífera de la región. Eso explica también la positiva evolución de activos de riesgo como las bolsas mundiales. No obstante, la continuidad del cierre del estrecho acerca, semana a semana, a escenarios de mayores subidas de precios con impactos potencialmente graves en el crecimiento mundial.
El impacto del conflicto se concentra por ahora en el crecimiento de los precios, pero terminará afectando también al gasto de los consumidores, que perderán capacidad adquisitiva ante el encarecimiento de la factura energética (gasolina, calefacción…).
Por otra parte, los empresarios se enfrentan a una subida de costes (petróleo, transporte…), y en un entorno de incertidumbre, aunque cada vez sea más frecuente, se suelen retrasar las decisiones de inversión.
Si comparamos la situación actual con lo sucedido en la guerra de Ucrania, los precios del petróleo son similares, aunque el potencial es mucho más negativo. El lado bueno, o menos negativo, es que el precio del gas en la Zona Euro no ha subido a máximos históricos ni está afectando a los precios de la electricidad, que fue uno de los principales causantes de la gravedad del episodio inflacionista de 2022-2023. Los daños provienen principalmente del encarecimiento del petróleo y, si la situación en Oriente Medio no se deteriora, el impacto será apreciable pero limitado.
España, por su parte, se beneficia de un entorno de crecimiento económico fuerte, sobre todo del empleo, que introduce una inercia positiva. Además, hemos generado mucho ahorro en los últimos años y esto permite que el shock del petróleo y la subida de la factura energética puedan ser absorbidos en buena parte y que el impacto sea limitado.
Los bancos centrales se están adaptando al nuevo entorno de precios derivado de la guerra de Irán, con una subida de momento coyuntural. En Estados Unidos esto pasa por no bajar los tipos de intervención, mientras que el Banco Central Europeo, en lugar de mantenerse estable en el 2% para el tipo de depósito, se espera que suba medio punto, sobre el 2,5%.
El Euribor está cotizando en el 2,7-2,8% e introduce esa previsión de incremento del tipo de intervención, que es una subida apreciable, pero nada comparable con lo que vivimos en el año 2022-2023 con subidas de 4,5 puntos.