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El prestigio social de las profesiones se mide mediante escalas que ordenan las ocupaciones según la valoración que la sociedad les concede. Este estudio analiza el caso español para responder a dos incógnitas: ¿cambia esta jerarquía con el tiempo? y ¿afecta la presencia femenina al prestigio percibido? Los resultados revelan una estabilidad general en la ordenación, aunque con variaciones significativas en profesiones específicas. Asimismo, el aumento de mujeres en el mercado laboral no provoca, de forma sistemática, una devaluación del estatus de dichas ocupaciones, desmitificando la teoría existente de pérdida de prestigio por razones de género.
Un artículo de Inmaculada García-Mainar y Víctor Montuenga, profesores titulares de Análisis Económico en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Zaragoza, publicado en el número 88 de la Revista de Economía Aragonesa.
• Las profesiones que desempeñamos aportan un valor que la sociedad aprecia.
• El prestigio ocupacional trata de captar con un número cómo la sociedad valora una profesión.
• La ordenación de las ocupaciones atendiendo a esta valoración configura una escala de prestigio ocupacional.
• Las ocupaciones con mayores niveles de educación, autonomía, responsabilidad o salarios suelen tener mayor prestigio ocupacional.
• La escala no tiene por qué ser invariable en el tiempo.
• El estudio para España muestra que, en general, las posiciones relativas no han cambiado sustancialmente entre 1991 y 2013.
• Las ocupaciones manuales, servicios personales y las de cuidados han ganado prestigio social.
• Políticos y directivos han retrocedido en su valoración por parte de la sociedad.
• La participación de las mujeres ha aumentado en la gran mayoría de las ocupaciones.
• No parece que esa mayor participación femenina haya supuesto una devaluación del prestigio de las ocupaciones.
En un mundo cada vez más interconectado y marcado por la incertidumbre, la pregunta sobre en quién podemos confiar ha cobrado más importancia. El Índice Global de Confianza que elabora anualmente Ipsos desde el año 2018 con datos de 32 países (Ipsos, 2024) nos ofrece una radiografía sobre qué profesionales consideramos dignos de nuestra confianza y sobre cuáles existe un mayor escepticismo.
De acuerdo con este informe, se observa una tendencia clara: aumenta el valor de la cercanía y el conocimiento especializado por encima del poder político o la influencia digital. En la cúspide de la pirámide se encuentran los médicos, seguidos de cerca por científicos y profesores, consolidando a los trabajadores de servicios públicos esenciales como los pilares de la credibilidad social. En el extremo opuesto, los políticos en general ocupan el último lugar de la lista; solo un 15% de los ciudadanos los considera fiables. Una de las nuevas ocupaciones es la de los influencers de redes sociales. A pesar de su aparentemente gran presencia en nuestra vida cotidiana, un 56 % de los encuestados afirma que no son dignos de confianza. El caso de España no es muy diferente de este patrón.
En este trabajo presentamos una síntesis de dos investigaciones académicas recientes desarrolladas para el caso de España que nos ayudan a entender qué hay detrás de lo que se denomina prestigio profesional. En ellas, nos hemos planteado dos cuestiones: en primer lugar, si la valoración social de las ocupaciones es estable o varía en el tiempo y, en segundo lugar, cuál es la relación entre la mayor o menor presencia de mujeres en una ocupación y su prestigio, la relación entre la presencia amplia o reducida de mujeres en una ocupación y su prestigio.
Más allá de la confianza coyuntural recogida en el informe de Ipsos, el prestigio de una profesión es un constructo sociológico más profundo: no es solo una cifra en una escala; es el reflejo de los valores, miedos y aspiraciones de una sociedad. Capta cómo la sociedad ve de deseable una determinada ocupación. Durante décadas se ha supuesto que la jerarquía de las profesiones es prácticamente idéntica en cualquier país y momento histórico. Una investigación llevada a cabo por García-Mainar y Montuenga (2025) analiza si la valoración de las ocupaciones en España es inmutable o si ha cambiado en el tiempo. Los autores detallan la evolución del prestigio profesional comparando las dos escalas fundamentales existentes para el caso español: la de 1991 (Carabaña y Gómez Bueno, 1996) y la de 2013 (basada en el estudio 3004 del CIS, 2013).
Un aspecto crucial en la evolución del mercado laboral, también el español, es cómo la entrada masiva de mujeres ha afectado a la valoración de las profesiones. La teoría de la devaluación sostiene que, a medida que una profesión se feminiza, su prestigio y salario disminuyen. En un segundo estudio (García-Mainar, García-Ruiz y Montuenga, 2025), se investiga si existe alguna relación entre el grado de feminización de una ocupación y el prestigio que la sociedad le atribuye.
Como adelanto de los resultados que luego desarrollamos, podemos indicar dos conclusiones claras. Respecto a la estabilidad de las escalas de prestigio ocupacional, el análisis de los datos españoles revela que el prestigio no es una foto fija: factores sociales y económicos lo moldean. Al comparar las escalas españolas observamos que, aunque la estructura general se mantiene, los movimientos internos entre grupos ocupacionales revelan una sociedad que ha pasado de admirar el estatus jerárquico a valorar la competencia técnica y el compromiso social. En segundo lugar, el análisis de los datos entre 1991 y 2013 en España revela una evolución compleja donde el género no siempre dictó la dirección del cambio en el prestigio, desafiando en varios puntos la teoría de la devaluación. Así, los resultados muestran que:
• el aumento del nivel educativo femenino ha permitido que las mujeres ocupen puestos de alto reconocimiento (profesionales y técnicos)
• ciertas ocupaciones altamente feminizadas como la enfermería o la educación han ganado prestigio social
• en la actualidad, el prestigio en España parece estar más vinculado a la especialización y la utilidad social que al género de quien desempeña el trabajo.
A continuación, analizamos los grupos ocupacionales y la evolución de su prestigio, al tiempo que detallamos la composición por género. A tal fin, nos ayudaremos de una tabla y un gráfico.
La Tabla 1 muestra qué ocupaciones se situaban, según la primera escala, 1991, en cada cuartil, comparándolo con el cuartil en que se situaba según la segunda escala, 2013. Las que se sitúan en la diagonal principal mantienen su posición relativa, mientras que las que están por encima indican mejoras relativas y las que están por debajo un empeoramiento. La impresión general es de una marcada estabilidad, con algunos cambios muy llamativos.
El Gráfico 1 recoge en el eje de abscisas el incremento en la posición relativa de las ocupaciones atendiendo al prestigio. Las que son positivas reflejan una mejoría de una escala a otra y las que son negativas una caída. En el eje de ordenadas se muestra el incremento en el porcentaje de mujeres en cada ocupación. Vemos que la inmensa mayoría son positivas indicando un aumento de la participación femenina en buena parte de las ocupaciones. No se aprecia una tendencia o patrón claro de vinculación entre ambos crecimientos.
A continuación, analizamos de forma más detallada los 10 grandes grupos en los que se estructuran las ocupaciones.
El cambio más drástico en la historia reciente del prestigio en España lo protagoniza la parte alta de la clasificación. En la escala de 1991, los directivos de grandes empresas y los representantes políticos ocupaban posiciones de un elevado prestigio, asociado a la autoridad y al éxito socioeconómico. Sin embargo, para 2013, este grupo experimentó un descenso relativo significativo, pasando a ocupar niveles medios e incluso bajos. Dentro de la caída observada en los grupos 11, 12 y 15, los miembros de los poderes ejecutivo y legislativo (subgrupo 111) pasaron a estar en los puestos más bajos en cuanto a consideración social. Únicamente directores de empresas de servicios de tecnología y de alojamiento han mantenido su nivel de reconocimiento social.
¿Qué ocurrió en este lapso temporal? El año 2013 representó el peor momento de la crisis financiera en España. La percepción social vinculó a las grandes empresas, a los directivos del sector financiero y a la clase política con la (mala) gestión de la crisis, los escándalos de corrupción y el aumento de la desigualdad. El resultado fue una pérdida de valoración, la sociedad ya no les otorgó el mismo respeto simbólico que a principios de los 90, tras los éxitos de la transición democrática y la entrada en la Comunidad Europea. Como resultado, aunque siguen ocupando posiciones altas en términos de ingresos y poder, su valoración social se ha erosionado, perdiendo terreno frente a profesiones de carácter más técnico o asistencial.
En lo que se refiere a la composición por género, aunque el porcentaje de mujeres en puestos de alta dirección y legisladores aumentó (pasando del 26% al 40%), este grupo sigue manteniendo un perfil predominantemente masculino o mixto-masculino. Los resultados precisan que la pérdida de prestigio no se debió al proceso de feminización observada con el paso del tiempo, sino a una pérdida de confianza social general en estas ocupaciones tras la Gran Recesión.
A diferencia de los directivos, estos grupos han mantenido su posición de liderazgo. En ambas escalas, el Gran Grupo 2 de Profesiones Científicas (que incluye, entre otros, a médicos, ingenieros y académicos) aparece como el más valorado, aunque con ciertas diferencias entre grupos. Así, se percibe una mejora relativa muy evidente en las relacionadas con la salud (por ejemplo, 212 de enfermería) y la enseñanza, (grupos generales 22 y 23). Pero también se han visto ciertos retrocesos como en la categoría 26 (Especialistas en organización de la Administración Pública y de las empresas) y en algunas profesiones de los Grupos 28 y 29 (Profesionales de las Ciencias Sociales, Cultura y Espectáculo). Entre ellos, mencionar el subgrupo 283 de Sacerdotes y el 291 de Archivistas, Bibliotecarios y Conservadores.
La estabilidad de este grupo revela que la sociedad española sigue premiando el capital humano y el conocimiento experto. No solo no ha caído su reputación, sino que su distancia respecto a los grupos que tradicionalmente les disputaban el estatus (como los grandes directivos) se ha ensanchado. Su valor no depende del momento histórico o del ciclo económico, sino de una utilidad social que la ciudadanía percibe como incuestionable.
De modo análogo, el Gran Grupo 3 de Técnicos y Profesionales de apoyo ha mostrado entre 1991 y 2013 una situación de estabilidad, a excepción de los grupos 34, Profesionales de apoyo en finanzas y matemáticas y 35, Agentes comerciales, y de los subgrupos 333, Profesionales de terapias alternativas y 332. Otros técnicos sanitarios, con caídas relativas en la escala de prestigio muy acusadas. Las mejoras más palpables se han observado en Técnicos de control de procesos (313), de las Ciencias Naturales (314), y de las fuerzas y cuerpos de seguridad (363).
Dentro de una tendencia marcada por una intensa feminización, las profesiones científicas donde se ha visto este proceso más claramente han sido el 24, Ciencias Naturales (del 30% al 40% de mujeres), 25 Derecho (del 36% al 52%). 26 de la organización de la Administración Pública (del 40% al 53%), 21, Salud (del 44% al 57%). Resultados similares podemos encontrar para el Gran Grupo 3, fuertes subidas en el porcentaje de mujeres en los grupos 31, Técnicos de las Ciencias Naturales (del 4% al 16%), 37, Profesionales de apoyo en servicios jurídicos (del 38% al 50%), y en otros con marcado carácter femenino, como el 33, Técnicos de salud (del 51% al 67% de mujeres) y 34, Profesionales de apoyo a las finanzas y matemáticas (del 75% al 91%). Lo observado en este último grupo y en algunas ocupaciones del 33 muestra cierto apoyo a la teoría de la devaluación.
Los empleados administrativos representan uno de los grupos que más ha sufrido la transformación del mercado de trabajo. En 1991, el trabajo de oficina mantenía un cierto estatus de clase media. Ser administrativo en un banco o en la administración pública todavía conservaba un aire de distinción frente al trabajo manual. Sin embargo, en 2013, este grupo muestra un claro descenso, especialmente en el caso de los empleados administrativos con atención al público, grupos 44 y 45, y de los empleados de bibliotecas y archivos (subgrupo 421). Únicamente los empleados contables y financieros. 411 han visto cierta mejora relativa en su consideración por parte de la sociedad.
La automatización y la digitalización han convertido muchas tareas administrativas en procesos rutinarios, restándoles esa percepción de exclusividad o autoridad que tenían en décadas pasadas. El prestigio se ha desplazado de la gestión de papeles hacia la gestión de personas o tecnologías, dejando a los administrativos en una posición más vulnerable en la escala social, situándose en niveles mucho más cercanos a los del sector servicios básico que a los de los profesionales técnicos.
Es un gran grupo tradicionalmente feminizado (con peso de hasta el 75%) que aumentó aún más su cuota femenina y es una de las áreas donde la caída del prestigio y el aumento de la participación de las mujeres han ido de la mano.
Aquí encontramos un hallazgo interesante. Las ocupaciones relacionadas con ventas, comercio y, sobre todo, cuidados y servicios personales, han visto aumentado su prestigio. Se observa una sustancial mejora en la valoración relativa en los casos de los auxiliares médicos (56) y cuidadores (57), que han pasado a estar en el cuartil inferior al cuartil superior, sin desdeñar el realizado por los trabajadores de servicios de protección y seguridad (59), como los guardias civiles, policías y sobre todo bomberos, así como los jefes de sección independientes en tiendas y almacenes (52).
Muchas de estas ocupaciones, antes invisibilizadas o consideradas de bajo estatus por ser tareas domésticas trasladadas al mercado, han ganado reconocimiento como servicios esenciales. La sociedad española de 2013, más envejecida y consciente de la importancia del bienestar, otorga más puntos de prestigio a un auxiliar de enfermería o a un educador que los que otorgaba la sociedad de 1991. Si bien sus salarios no siempre han seguido la misma tendencia, el prestigio de estas ocupaciones ha subido.
Es un grupo fuertemente feminizado (con, por ejemplo, un 74% de mujeres en el sector de cuidados y servicios personales en 2013) con la salvedad de los trabajadores de la protección y seguridad. En todos los casos, el aumento de la participación femenina es palmario, con una subida promedio de 7 puntos porcentuales, lo que unido a la mejora relativa de la consideración de su prestigio pone en cuestión la adecuación de la teoría de la devaluación en este gran grupo.
La evolución aquí es dispar. Por un lado, la agricultura (61) sigue anclada en la parte media-baja de la escala, mientras que el prestigio de las ocupaciones ganaderas (62), forestales (641) y cinegéticas (643) han incluso perdido posiciones, penalizadas por la percepción de baja cualificación. Por su parte, en la Industria y la Construcción, el estudio destaca un hallazgo incontestable: las ocupaciones con un componente manual pero especializado han resistido mejor de lo esperado, ganando incluso algunos puntos en la escala de prestigio frente a ocupaciones de oficina puramente rutinarias.
En el gran Grupo 7 hay que destacar la fuerte subida, dos cuartiles, de los Trabajadores especializados en electricidad y reparación de equipos (75), en la Industria alimentaria y bebidas (77) y algunas profesiones más específicas como fontaneros (722). Como contrapunto, la pérdida de valoración de los Mecánicos de precisión, artesanos y trabajadores de artes gráficas (76).
En el gran Grupo 8 también se constata una tendencia general de subida en su consideración social. Destacable la subida de dos cuartiles entre los maquinistas (83) -especialmente debido a los casos de Maquinistas de locomotoras 831, y Marineros de máquinas, 834- así como los conductores (84). También en varias ocupaciones de operadores, en extractivas (811), diversas maquinarias (813, 814 y 816). Únicamente montadores y ensambladores (82) han visto reducido su prestigio social.
Son grupos profundamente masculinizados (con cuotas femeninas a menudo inferiores al 10%), si bien algún sector, como el alimentario, tienen más presencia de mujeres (39%). La pauta general es que la participación femenina apenas ha aumentado.
El grupo de los trabajadores no cualificados (peones, personal de limpieza, etc.) se mantiene sistemáticamente en la base de la escala. No obstante, el estudio apunta a que la distancia entre los peones y los administrativos se ha estrechado. No es tanto que los peones hayan subido, sino que la desvalorización de las capas medias (administrativos y vendedores básicos) ha provocado una cierta compresión en la parte baja de la escala. Las ocupaciones elementales eran las menos valoradas socialmente en 1991, y lo siguen siendo, en 2013. Únicamente los ayudantes de cocina (931), los recogedores de residuos (944) y peones de la industria manufacturera (97) han observado un ligero crecimiento en su prestigio.
Estas ocupaciones tienen una composición mixta dependiendo de la tarea; por ejemplo, las ocupaciones de limpieza tienen un 90% de mujeres, frente a pеоnes de la industria o la construcción, donde es inferior al 10%. En cualquier caso, la variación neta, aunque positiva en términos generales, ha sido muy reducida y compensada entre grupos de ocupaciones.
• La comparativa entre estas dos escalas nos deja una lección clara: la ordenación no es invariable en el tiempo. En España, el prestigio se ha desplazado desde la autoridad formal hacia la responsabilidad social. Hoy, el prestigio se concentra en quienes cuidan y protegen (sanidad, educación) y en quienes descubren (ciencia, tecnología). El declive de los políticos y directivos en la escala de prestigio no es solo un castigo por la crisis de 2008, sino una señal de que la sociedad exige una nueva forma de legitimidad basada en la utilidad real. Lo que valoramos como sociedad cambia al ritmo de nuestras crisis y de nuestras conquistas sociales. Entender estos cambios es vital, pues el prestigio no solo refleja el estatus, sino que influye directamente en qué profesiones eligen nuestros jóvenes y cómo se distribuye el talento en el país.
• Por otra parte, el prestigio ya no depende linealmente de si una ocupación es "de hombres" o "de mujeres". La entrada de mujeres con alta educación en profesiones cualificadas y la mayor valoración de los cuidados han roto la tendencia histórica de que la feminización devaluaba automáticamente una profesión.
• Ha pasado más de una década desde la última escala de prestigio ocupacional. ¿Cómo ha cambiado la situación en estos últimos años? Al carecer de información específica, nos remitimos de nuevo a los datos aportados por el índice de IPSOS. No parece que haya habido cambios sustanciales en cuanto a la buena valoración de médicos, científicos y profesores, y la mala consideración de políticos y empresarios. Al tiempo, constatamos la pérdida de fuelle en ciertas ocupaciones como economistas, jueces o vendedores, frente a las persistentes subidas de cuidadores y de trabajadores de los servicios personales. Los retos de la digitalización y automatización pueden estar influyendo en la buena percepción de actividades relacionadas con el trato personal frente a aquellas más "deshumanizadas".