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En un mundo interconectado y dominado por los datos, la seguridad de la información es un elemento clave de cualquier empresa y uno de los mayores quebraderos de cabeza para los directivos de las compañías.
La seguridad de la información supone una función estratégica y una potencial ventaja competitiva, según el último CEO Outlook de KPMG. En paralelo han crecido los riesgos y han aumentado los ciberataques un 7 % en el primer trimestre de 2023, según Check Point Research. Por ello, priorizar la ciberseguridad es esencial por varios motivos:
Los riesgos asociados a la digitalización comprometen el negocio desde tres vías: la información de la empresa, de sus sistemas y de sus clientes. El nivel de vulnerabilidad aumenta si tenemos en cuenta que el personal directivo tiene un mayor acceso a información confidencial, lo que le convierte en un perfil más lucrativo bajo la mirada de los cibercriminales.
La firma especializada BlackCloak advierte de que los hogares se han convertido en un nuevo foco de ataques. En el nuevo ecosistema de internet y movilidad, el riesgo va más allá del ordenador o el smartphone: se trata también de las redes wifi de los hogares, de los hoteles, de los aeropuertos, los televisores o la domótica en general.
Aunque los equipos de seguridad evolucionan rápidamente para mantener las redes y sistemas libres de ataques, cada día se enfrentan a virus más avanzados y complejos. Identificar los riesgos con antelación, realizar controles exhaustivos y definir procesos será fundamental para atajar los riesgos, como explica Víctor Eduardo Deutsch. Esta idea se materializa a través de varias estrategias clave:
El 91 % de las empresas corren el riesgo de sufrir un ataque de phishing en 2023, según un informe de BDO. Lo convierte en la mayor amenaza de ciberseguridad para una empresa este año, con un coste de hasta 16.533 euros por minuto, acorde a los datos de la firma especializada.
Además, según un informe de Verizon, el 82 % de las infracciones involucran a actores externos con motivación financiera y el 74 % de las infracciones involucra al elemento humano, incluidos ataques de ingeniería social, errores o mal uso. En la mayoría de los casos, se trata de ataques de phishing mediante el envío de un correo electrónico simulando ser una organización legítima (banco, institución, red social, etc.) con el objetivo de obtener información privada, realizar un cargo monetario o infectar el dispositivo mandando enlaces a páginas fraudulentas o adjuntando archivos infectados. Estos correos suelen hacer una llamada a la acción urgente, para que la persona que lo lea no tenga capacidad de reacción. Convierten así a los individuos en el punto débil de la seguridad.
Ente las señales a vigilar en un ataque de este tipo, sea por correo electrónico o SMS (smishing), están aquellos que ofrecen algo demasiado bueno para ser verdad (ganar la lotería, un premio o un objeto de alto valor…), mensajes con adjuntos y enlaces extraños o inesperados, direcciones del remitente mal escritas o con caracteres diferentes a los habituales y direcciones URL sin certificados o el encabezado "HTTPS".
Por eso, tener presentes estas señales y dotarse de una estrategia de ciberseguridad es clave para tener nuestros datos, los de nuestros clientes y la información del negocio a buen recaudo. En muchas ocasiones, de ello puede depender la continuidad del negocio.