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Los entornos empresariales incorporan, cada vez más, nuevos agentes cuya actividad poco o nada tiene que ver con sus sectores. La banca, los seguros, la energía… Son ejemplos de sectores que, de manera inteligente, han creado ecosistemas para dar cabida la relación entre grandes empresas y startups. El sector salud es otro ejemplo, aunque en él la colaboración depende de muchos factores como los tiempos, los plazos o la regulación.
Los ecosistemas están creciendo. Tal y como considera Elena Rodríguez, directora de la consultora Opinno en Madrid, “como organizaciones, si no generamos ecosistemas, nos vamos a quedar fuera del juego. Formamos parte de un ‘todo’ en el que en el medio se encuentran los sectores más tradicionales; por debajo, las startups, que llegan con ganas, agilidad y mente abierta; y por arriba, las corporaciones completamente digitales no asociadas a ningún sector (Google, Amazon, Meta…), que son las primeras que hay que integrar en el ecosistema”. Por tanto, las empresas tradicionales, para no ser aplastadas por el “efecto sándwich”, tienen el reto de acelerar y potenciar sus procesos de innovación.
La innovación abierta es un término acuñado por el economista Henry Chesbrough que propone una nueva estrategia de innovación a través de la cooperación con empresas o talentos externos para expandir la capacidad de generar valor, más allá de los límites de la propia organización.
Para la directora de Opinno, hay cuatro integrantes fundamentales en los procesos de innovación abierta:
industria, generando nuevos ecosistemas de innovación.
Entre todos, integran un ecosistema de innovación abierta donde todos construyen un futuro común. En él, se establecen relaciones win-win, por lo que Rodríguez resalta que “es fundamental dejar a un lado el sentimiento de superioridad respecto al resto de miembros del ecosistema. Todos aportamos a todos, es la manera de crecer”.
Vehículos de innovación abierta “hay infinitos”, destaca la directora de Opinno. Entre ellos, señala los programas de incubación, “que tienen sentido si están apoyados desde la administración pública”, indica. También se ponen en marcha programas de aceleración con pilotos, convocatorias de premios, venture building... Este último modelo de aceleración es para Rodríguez el que “mayores frutos da” cuando se pone en marcha.
Las claves para que los procesos de innovación abierta funcionen pasan por:
“Para generar ecosistemas donde prime la innovación abierta todo pasa por tener muy claro qué buscamos, con qué objetivos, cómo los medimos y saber hasta dónde podemos llegar y cuál es la meta a alcanzar”, sintetiza Rodríguez. La colaboración es la que permitirá que el tejido productivo de una comunidad sea cada vez mayor y mejor. La innovación abierta es una palanca para crecer.