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La productividad laboral es una de las medidas más importantes para cualquier empresa. De ella dependerá que el negocio crezca, por lo que es importante saber qué es, cómo medirla y qué factores y técnicas pueden contribuir a mejorarla.
El concepto productividad laboral se refiere a los bienes o servicios producidos por un trabajador, un equipo de personas o una máquina y a los recursos utilizados para obtenerlos en un periodo de tiempo concreto. Como explica la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es una medida de eficiencia del trabajo. Estas son sus características:
No existe una única forma de calcular la productividad, pero un primer paso es establecer un objetivo y una unidad de referencia (ventas, horas, unidades producidas) y tener en cuenta el periodo de tiempo de la medición (semanas, meses, años…). También es importante realizar un análisis cualitativo, es decir, tener en cuenta la calidad del trabajo realizado.
No existen recetas mágicas para mejorar la productividad laboral, pero sí hay una amplia variedad de técnicas o métodos que serán de gran ayuda:
Más allá de las metodologías concretas que se apliquen desde la gestión empresarial, hay una serie de factores importantes a tener en cuenta para mejorar la productividad laboral y que están estrechamente relacionados con la calidad y condiciones de trabajo, aunque en ocasiones se pasen por alto en medio de la rutina y el elevado volumen de tareas.
Normalmente, las horas de mayor rendimiento son durante la mañana, por lo que conviene levantarse temprano y para ello es imprescindible mantener una buena rutina de sueño y descansar bien.
Planificar la jornada durante unos minutos al día o la semana ayudará en la jerarquización de tareas, algo fundamental para mejorar la productividad y evitar olvidos. También será una buena manera de evitar distracciones y dejar para el tiempo libre asignado cualquier otra cuestión, sin olvidar los descansos programados para desconectar.
Por otro lado, es importante mantener limpio y ordenado el lugar de trabajo, tanto físico como el ordenador (con un escritorio sin muchos documentos, por ejemplo), para facilitar la realización de tareas y potenciar la concentración.
Además, es recomendable aprovechar las herramientas tecnológicas para automatizar tareas regulares y establecer un sistema de revisión del correo electrónico, que distrae mucho de las tareas importantes, estableciendo momentos concretos del día para ello (a primera hora de la mañana, a media jornada o al terminar)
Por último, es interesante introducir en la jornada momentos para mover el cuerpo como estirarnos, caminar unos minutos, hacer un poco de yoga o meditación. Estas técnicas ayudan a combatir tanto la fatiga física como la mental, dos de los principales enemigos de la productividad laboral.
Sea cual sea la naturaleza de tu trabajo, siempre hay un método para mejorar la productividad. La clave es encontrar el más adecuado a tus tareas y a tu forma de trabajar. Integrar este método en la rutina diaria y en la mentalidad con la que se afronta la organización de la jornada hará de la eficiencia un aliado más.