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La adaptación de un producto a la cultura, el idioma y los requisitos técnicos y legales de un país es fundamental para que la exportación cuente con mayores garantías de éxito. Las modificaciones necesarias para introducir un producto contribuyen a mejorar su competitividad y fortalecer la marca en un nuevo mercado.
• La adaptación como garantía de éxito. Un proyecto de exportación sólido comienza determinando si el producto puede mantenerse igual o si requiere modificaciones. Ignorar que nos enfrentamos a consumidores con percepciones y hábitos de consumo diferentes o a países con requisitos técnicos distintos puede provocar que el proyecto de internacionalización fracase.
• Inversión estratégica para la competitividad y la marca. Adaptar el producto debe entenderse como una inversión para reducir la resistencia del consumidor a un nuevo producto y fortalecer la reputación de la empresa como una marca sensible a la cultura local. Este proceso no solo facilita la aceptación y el cumplimiento legal, sino que permite destacar frente a la competencia.
• Dimensión cultural, legal y económica. Antes de cualquier modificación es imprescindible analizar la cultura y el idioma para evitar errores que puedan resultar ofensivos en el nuevo mercado. Asimismo, el éxito depende de cumplir con las normativas técnicas, sanitarias y de origen de cada país.
• Ajustes precisos. La adaptación no consiste en reinventar la marca, sino en ajustar sus cualidades a la realidad social y económica sin perder su identidad original. Esto incluye desde la traducción de instrucciones y el cambio de packaging, hasta la modificación del sabor u olor o soporte en el idioma nativo.
• La adaptación como pilar de la internacionalización. El hecho de que un producto funcione en su mercado de origen no garantiza resultados similares en el extranjero. Estas modificaciones demuestran que la empresa tiene un compromiso real por conocer y ofrecer lo que el nuevo cliente demanda, respetando siempre el marco legal y cultural del país de destino.
Todos sabemos que a los bebés los trae la cigüeña. Eso es lo que pensó Procter and Gamble cuando intentó introducir sus pañales desechables en Japón, sin darse cuenta de que no se puede generalizar cuando se trata de cuestiones culturales. En Japón, los bebés nacen de un melocotón, fruto de la leyenda del niño Momotaro, lo que hizo que la campaña de marketing de P&G fracasara en un principio.
En la otra cara de la moneda tenemos a McDonald's. Aunque su modelo es global, su éxito radica en lo local: desde la McSpicy Paneer en India hasta la Teriyaki McBurger en Japón, la cadena de comida rápida no vende solo hamburguesas, vende lo que el paladar local reconoce y desea.
Introducir un producto en un nuevo mercado es un proceso complejo. Implica una fuerte inversión, mucho trabajo y la implicación de todos los departamentos de una compañía. En algunos casos, todo este esfuerzo se va al garete porque se empieza la casa por el tejado.
Unos buenos cimientos para un proyecto de exportación comienzan por saber si el producto puede ser aceptado en un nuevo mercado tal y como es o si necesita algún tipo de modificación. Nos enfrentamos a consumidores con percepciones y hábitos de consumo diferentes y a países con normas sanitarias y requisitos técnicos distintos. Aspectos que debemos tener en cuenta para que el proyecto no fracase.
“La internacionalización ya no consiste solo en vender fuera, sino en entender al cliente local. Adaptar el producto al mercado es una decisión estratégica que reduce riesgos y aumenta las probabilidades de éxito en cualquier proyecto exportador” afirma Teresa Fernández, directora de Banca de Empresas de Ibercaja.
La adaptación de productos para mercados extranjeros debe encararse como una inversión estratégica y no como un gasto adicional.
Antes de modificar el producto, hay que analizar estas tres dimensiones:
• Culturales: cada cultura interpreta sabores, olores y colores de manera diferente y tienen simbolismos y significados diferentes influenciados por la religión, los valores o las tradiciones. Otro aspecto fundamental es el lingüístico y los problemas que puede generar una traducción errónea. Hay numerosos casos de “lost in translation”. Por ejemplo, el de las deportivas Nike, que incluyeron un logo que parecía la palabra árabe para “Allah”. Se consideró ofensivo por parte de la comunidad musulmana y la compañía tuvo que retirarlas.
• Legales y técnicos: cada país cuenta con normas de seguridad, certificaciones, voltajes eléctricos y sistemas de medidas diferentes. Conocer estas normativas facilita la adaptación del producto para que cumpla con todos los requisitos legales exigidos. Es muy importante también conocer cuáles son las normas de origen de cada país.
• Económicos: el poder adquisitivo del público objetivo influye en la adaptación del producto. Por ejemplo, Unilever redujo el tamaño de algunos de sus productos de cuidado personal en Filipinas para adaptarse a la capacidad adquisitiva del público, que no siempre podía adquirir formatos grandes.
Adaptar no significa reinventar. Se trata de mantener la identidad de la marca y las cualidades del producto, pero ajustándolas a la realidad cultural, económica y social del nuevo mercado.
• Adaptación del packaging: desde la traducción de los textos, instrucciones y claims, al cambio de colores con connotaciones negativas o el ajuste de materiales para el transporte en función de la logística y el clima.
• Adaptación de atributos físicos: modificar el tamaño, el sabor o el olor del producto.
• Adaptación del servicio: puede incluir desde seguros locales- a soporte técnico en el idioma nativo.
Que un producto funcione en un mercado no significa que funcione en otro. Por eso, la adaptación es uno de los pasos fundamentales que debemos analizar antes de iniciar un proyecto de internacionalización. Mostrará que la empresa se preocupa por conocer al nuevo cliente y ofrecerle lo que demanda, teniendo en consideración los requisitos legales, técnicos y culturales del nuevo mercado.