Fecha de publicación:
El sector agrícola tiene un gran papel dentro de las estrategias de reducción de las emisiones de efecto invernadero. La mejora en la calidad de los suelos y su capacidad para secuestrar CO2 le permitirá participar en un mercado regulado para la compensación de emisiones. Para ello, las explotaciones agrarias tienen que transformarse hacia una agricultura de carbono. La jornada “Sembrando valor: el mercado de carbono en el campo aragonés”, celebrada en el espacio Xplora de Ibercaja en Zaragoza, presentó algunas experiencias que ya se están desarrollando en España.
• Agricultura de carbono para mejorar la resiliencia de la tierra. Las medidas que se pueden adoptar en este modelo agrícola mejoran la calidad del suelo y convierten a las explotaciones agrícolas en sumideros de carbono.
• Diferentes modelos para diferentes regiones. Los tipos de cultivos, el clima o la composición de la tierra, determinarán los diferentes modelos de gestión y de acreditación del secuestro de carbono.
• Monitorización que permite tomar decisiones. La monitorización de diferentes parámetros dentro de la agricultura de carbono permitirá al sector obtener datos y tomar decisiones informadas sobre la gestión de las explotaciones.
La agricultura de carbono (o carbon farming) es un conjunto de prácticas agrícolas y de gestión del suelo diseñadas para capturar y almacenar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera en el suelo y en la biomasa vegetal, contribuyendo así a mitigar el cambio climático.
El campo español ya cuenta con una trayectoria en la agricultura de carbono y los resultados se están demostrando con una mejora de la calidad de los suelos agrícolas que no afecta a las cifras de producción.
Para la investigadora del área de ingeniería agroforestal en la Universidad Politécnica de Cartagena, María Dolores Gómez, “ya hay experiencia en la adopción de diferentes estrategias de intervención en las fincas agrícolas para favorecer el secuestro de carbono”.
Entre ellas se encuentran:
- La rotación de cultivos.
- La conversión de tierras arables a pasto.
- La labor de labranza de conservación.
- Fomentar la actividad y abundancia microbiana en el suelo, vital para lograr el secuestro de carbono.
- Actuar sobre las emisiones que genera la mecanización de la actividad agraria.
- Actuar sobre los fertilizantes que se utilizan.
No es una lista cerrada, sino que lo ideal es desarrollar un proyecto que contemple un mix de actuaciones. Los expertos coinciden en que las explotaciones deben pensar de una forma global y aplicar criterios de agricultura de carbono pensando en el beneficio de la propia explotación, su resiliencia y sostenibilidad. La rentabilidad que se pueda obtener con los bonos de carbono sería un valor añadido.
La agricultura española está pasando de ser productora de alimentos a sumidero de carbono. Es, por tanto, una aliada estratégica contra el cambio climático. En este cambio de modelo, numerosas organizaciones pueden acompañar al sector agrícola en el desarrollo de nuevos procedimientos hasta la certificación que permitiría monetizar este esfuerzo y participar en el mercado de carbono del sector agrícola. Como explicó en la jornada Ramiro Sarvisé, delegado del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, “se puede transformar la sostenibilidad en una fuente de ingresos adicionales para el medio rural”.
Pero la transformación no solo implica actuar sobre la tierra. Philip Fernández, cofundador de Terra Madre, reconoció que la gestión administrativa que se requiere para demostrar en una auditoría que efectivamente se ha captado carbono es elevada. Desde la consultora BALAM Agriculture, Gonzalo Guerrero recordó también que la agricultura de carbono requiere una monitorización constante: “tenemos que tener en cuenta que un crédito de carbono se genera porque hay un proyecto detrás que tenemos que planificar”.
Las prácticas experimentales se están llevando a cabo, sobre todo, con cultivos leñosos ya que se ha demostrado que son los tipos de explotaciones que más créditos pueden generar.
• Según los modelos, la explotación ideal es la que está en barbecho y en la que se generan cultivos nuevos.
• En cuanto a la superficie óptima para generar rentabilidad, no hay unanimidad ya que cada desarrollador cuenta con sus metodologías desarrolladas para cada tipo de cultivo.
• Tiene que haber un mínimo de condiciones de extensión, inversión, etc. "para que el coste que puede conllevar la agricultura de carbono, en cada caso, sea rentabilizado por la venta de bonos”. En el olivo, por ejemplo, lo ideal es una superficie mínima de unas 1.200 hectáreas.
• Para explotaciones pequeñas, las experiencias en África con superficies inferiores a una hectárea han resultado positivas cuando se reúne a varios agricultores y se gestiona la tierra a través de cooperativas o de gestores de fincas.
• Mientras la Comisión Europea trabaja en las metodologías para calcular y compensar la huella de carbono, los expertos recomiendan plantar árboles autóctonos para compensar y crear un sumidero de carbono.
Aunque el cambio de modelo puede exigir una carga de trabajo añadido también tiene ventajas.
• El propio cambio de manejo del campo mejora la sostenibilidad de las fincas y da lugar “a una mayor rentabilidad a corto, medio y largo plazo”. El director general de eAgronom, Efrain Pompa, explicó que se ha demostrado que “no hay un descenso de producción inferior al 5 %” con la agricultura de carbono.
• El control que requiere la certificación aporta al agricultor información muy detallada con la que puede tomar decisiones sobre el estado de su finca. El agricultor tiene datos que puede presentar a sus clientes y aportar valor a la cadena de suministro.