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Las empresas españolas sufren una media de 1.911 ataques semanales, un 66% más que el año anterior. Ante el auge del Ransomware 4.0 y los deepfakes, la inversión en defensa digital y trabajar en una cultura corporativa de "Confianza Cero" se vuelven vitales para garantizar la reputación corporativa y los costes económicos derivados un ataque informático.
• Aumento crítico de ciberamenazas. El volumen de incidentes gestionados por Incibe y la frecuencia de ataques semanales por empresa reflejan un entorno digital cada vez más hostil que pone en riesgo la estabilidad financiera y operativa de las organizaciones.
• Evolución sofisticada de las amenazas mediante IA. El uso de inteligencia artificial ha dado lugar a peligros avanzados como el Ransomware 4.0, la clonación de voz e imágenes (deepfakes) y filtraciones mediante chatbots, obligando a las empresas a actualizar sus escudos de protección.
• Rentabilidad de la inversión en prevención. Invertir en defensa digital representa solo el 2% del coste total que supone sufrir un ciberataque, lo que demuestra que la proactividad financiera en seguridad ahorra costes elevados y protege la reputación a largo plazo.
• Cultura de ciberseguridad transversal. La protección efectiva requiere implementar arquitecturas de "Zero Trust", monitorización constante y formación del personal para que la seguridad no sea solo una tarea del departamento de IT, sino parte del ADN de la compañía.
Los ciberataques en España aumentaron un 26% en 2025 respecto al año anterior, según datos de INCIBE, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, que gestionó más de 122.000 incidentes de ciberseguridad tan solo el año pasado. Los datos son alarmantes si pensamos que las empresas españolas sufrieron de media 1.911 ataques cibernéticos a la semana, un 66% más que en 2024.
Estos datos revelan el incremento de las ciberamenazas al que tienen que hacer frente las empresas y el aumento del riesgo a sufrir pérdidas económicas y reputacionales importantes.
Según el informe anual de IBM ‘Cost of a Data Breach Report 2025’, a nivel global el coste de un ataque informático con vulneración de datos alcanza los 4,4 millones de dólares. En España, se calcula que el coste medio por ciberataque puede llegar a costarle a una empresa 75.000 euros.
“Las ciberamenazas ya no son solo un riesgo tecnológico: son un riesgo de negocio. Las empresas que integren la ciberseguridad en su estrategia podrán proteger mejor sus operaciones, su reputación y la confianza de sus clientes.” Afirma Teresa Fernández, directora de Banca de Empresas de Ibercaja.
En este contexto de incremento de delitos digitales, la ciberseguridad no es solo un problema que ocupe y preocupe al departamento de IT, sino que alcanza al resto de unidades de negocio de una empresa. Supone un riesgo financiero y operativo de alto nivel ya que cualquier empleado puede convertirse en la puerta de entrada de un ataque con consecuencias devastadoras para el negocio, ya sea porque se paraliza la actividad temporalmente o definitivamente o porque los costes económicos por pago de rescates, por ejemplo, son elevados.
Las principales amenazas son:
• Impedir el acceso a un servicio. Los ciberdelincuentes sobrecargan la infraestructura de red, lo que impide que los usuarios puedan acceder a una web o servicio. Se trata de mecanismos cada vez más habituales y complejos y poco costosos. Se han utilizado en los conflictos entre Rusia y Ucrania, por ejemplo.
• Ransomware 4.0: la última generación de ransomware utiliza la inteligencia artificial para acelerar la identificación de redes y la automatización extrema para secuestrar datos y pedir un rescate por ellos. Los sectores más afectados suelen ser la industria y la manufactura o el comercio minorista.
• Filtración o fuga de datos: los ataques intencionados o no de información mediante el uso de chatbots programados con inteligencia artificial son cada vez más habituales. Los cibercriminales pueden programarlos con instrucciones concretas para obtener datos sensibles, exponiendo a las organizaciones a la fuga de datos.
• Engaños digitales: consiste en engañar a las víctimas para que otorguen a los criminales acceso a tus datos personales o cuentas bancarias mediante el phishing (por email) o el smishing (por mensaje de texto) o quishing (mediante el uso de códigos QR fraudulentos).
• Malware: a través de virus, troyanos y software espía que se distribuyen por correo electrónico y se instalan en los sistemas operativos. Un sistema clásico que sigue vigente al encontrar nuevas formas de ataque y de sortear las barreras de protección.
• Deepfakes: los atacantes usan la IA para clonar voces o imágenes de directivos en tiempo real para autorizar transferencias fraudulentas.
• Ataques a la cadena de suministro: en estos casos, el ataque es doble, al proveedor y al cliente. Son ataques complejos, que buscan erosionar la relación entre las partes. Son cada vez más complejos de detectar dado que la cadena de valor es cada vez más amplia.
Ante la velocidad con la que los cibercriminales desarrollan nuevos métodos para dañar nuestros sistemas de protección, las empresas deben ser proactivas a la hora de invertir en mecanismos que refuercen el escudo de ciberseguridad.
Se calcula que el coste de un ciberataque, de media, puede suponer 75.000 euros, sin contar el daño reputacional. Invertir en ciberseguridad, a la larga, nos ahorrará dinero y disgustos.
Según el informe ‘España, Hub Europeo de Ciberseguridad‘ elaborado por el Foro Nacional de Ciberseguridad, la inversión en ciberseguridad supone solo el 2% del coste de un ciberataque por lo que invertir en una buena defensa digital es vital si no queremos incurrir en mayores gastos y ver perjudicada nuestra reputación corporativa.
La inteligencia artificial ha incrementado la capacidad de diseñar y llevar a cabo ciberataques, pero esta misma tecnología puede ser el caballo de Troya que nos ayude a combatir los ataques digitales.
• Arquitectura "Zero Trust" (Confianza Cero): se trata de desarrollar una cultura dentro de la organización en la que los empleados desconfíen siempre, verifiquen cada mensaje o email y se apliquen estrictos controles de verificación de identidad y acceso. Eliminar la idea de que "dentro de la red todo es seguro". Cada acceso, desde cualquier dispositivo, debe ser verificado continuamente.
• Monitorización constante: permitirá detectar riesgos o actividades anómalas en estadios tempranos y contener las amenazas antes de que escalen.
• Formación en ciberseguridad: entrenar al personal para detectar contenido elaborado con inteligencia artificial y sospechar de peticiones inusuales, incluso si vienen de "jefes" conocidos. Llevar a cabo simulaciones periódicas de ataques contribuirá a mantener a la plantilla alerta y fortalecerá una cultura de seguridad transversal en la compañía.
• Evaluación de la cadena de valor: las empresas deben llevar a cabo un control de los riesgos de terceros, evaluando a proveedores, contando con copias de seguridad robustas y planes de gestión de crisis.
La ciberseguridad no es una cuestión meramente técnica, sino que debe formar parte de la cultura de toda organización. La inversión en una buena protección frente a las ciberamenazas ayudará a estar mejor preparado y minimizar los riesgos a los que se enfrentan las empresas hoy en día en un entorno digital cada vez más adverso.