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La jornada "Inversión inteligente en regadío de alto rendimiento" celebrada en FIMA 2026 analizó cómo la tecnología y la eficiencia hídrica son claves para mejorar el rendimiento y la competitividad de las explotaciones agrícolas. Ante la escasez de agua y el aumento de los costes energéticos, los expertos analizaron los diferentes sistemas de riego que mejor se adaptan a los retos actuales del sector.
• Optimización del equilibrio hídrico. El diseño de cualquier sistema de riego debe basarse en la capacidad de absorción del suelo y las necesidades del cultivo para evitar pérdidas de nutrientes o disminuciones del rendimiento.
• Eficiencia según el sistema de riego. Mientras el riego por gravedad pierde peso por su baja eficiencia, el sistema por aspersión y, especialmente, el de goteo se consolidan como las opciones más precisas para controlar el consumo de agua y energía.
• Desafíos estructurales y climáticos. El aumento de la evaporación por el cambio climático y la reducción de las aportaciones de ríos y acuíferos obligan a una gestión del agua mucho más estricta.
• Digitalización como motor de futuro. El éxito del regadío reside en la implementación de tecnologías como sensores de humedad y telecontrol, permitiendo ajustar el riego en tiempo real según el clima y el suelo.
La última edición de FIMA 2026, celebrada en Zaragoza, volvió a reunir a profesionales del sector agrario para conocer de primera mano cómo está avanzando la tecnología en el sector y participar en debates y mesas redondas sobre los retos y desafíos que afronta la agricultura hoy en día.
Ibercaja organizó unas jornadas técnicas que trataron sobre la fiscalidad en la empresa familiar agraria, el impacto de la inteligencia artificial en el sector primario y sobre el regadío y cómo transformarlo en una ventaja competitiva, poniendo el foco en la tecnología, la eficiencia hídrica y la sostenibilidad económica de las explotaciones agrarias.
La jornada "Inversión inteligente en regadío de alto rendimiento” abordó la necesidad de optimizar recursos ante la escasez de agua y el incremento de los costes energéticos, analizando la viabilidad económica y tecnológica para transformar las fincas de regadío. Los expertos que participaron en el foro ofrecieron diferentes alternativas que permiten reducir los costes operativos mediante tecnologías de precisión y automatización. Se analizaron también diferentes diseños de regadío que, junto con la digitalización, pueden mejorar la viabilidad económica de las explotaciones agrarias en un contexto cada vez más exigente.
Uno de los aspectos técnicos clave abordados durante la jornada fue la importancia del equilibrio hídrico en el suelo a la hora de decidir la transformación de éste en regadío. Rocío Rifaterra, de ROM VIII Ingeniería, explicó que el diseño de cualquier sistema de riego debe partir de la relación entre la capacidad del suelo para absorber agua y el punto de marchitez del cultivo. “Un exceso de riego supone pérdidas de agua y arrastra fertilizantes y nitratos, mientras que la falta de agua provoca una bajada del rendimiento”, señaló. Según explicó, un sistema de riego bien diseñado debe aportar la cantidad exacta de agua, reducir las pérdidas, adaptarse al cultivo elegido y mantener un coste adecuado para la explotación.
Durante la sesión se analizaron los principales modelos de riego utilizados en la agricultura actual y sus implicaciones técnicas y económicas.
• El riego por gravedad o inundación. Es el sistema tradicional utilizado históricamente en muchas zonas regables. Presenta la ventaja de su sencillez tecnológica y de que no requiere prácticamente consumo energético. Sin embargo, su eficiencia es relativamente baja, en torno al 60 %, y presenta limitaciones importantes en el control del volumen de agua aplicado, además de requerir mantenimiento constante de acequias y desagües. Por ello, actualmente se reserva principalmente para cultivos muy concretos, como el arroz, o para huertas tradicionales con alta disponibilidad de agua.
• El riego por aspersión. Distribuye el agua simulando la lluvia y ofrece una eficiencia superior, en torno al 80-85 %. Este sistema permite un mayor control del riego, facilita la automatización y puede incorporar técnicas como la fertirrigación. Además, se adapta bien a terrenos con topografía irregular y a cultivos extensivos. No obstante, presenta algunas limitaciones, como el incremento del consumo energético o las pérdidas por evaporación (un 20% de media), que obligan a aportar más agua que la estrictamente necesaria para el cultivo.
• El sistema más eficiente desde el punto de vista hídrico es el riego localizado o por goteo, que permite aplicar el agua directamente en la zona radicular del cultivo. Este modelo reduce prácticamente a cero las pérdidas por evaporación o escorrentía y permite controlar con precisión los volúmenes aplicados. Además, facilita la automatización del riego y la integración con sistemas de telecontrol y fertirrigación. Sin embargo, también exige un manejo técnico especializado y un mantenimiento riguroso para evitar problemas de obturación en los goteros.
Más allá de los sistemas técnicos, la jornada también abordó los desafíos estructurales a los que se enfrenta el regadío. El cambio climático está provocando un aumento de la evaporación a la atmósfera, lo que incrementa las necesidades de agua de los cultivos. Al mismo tiempo, se están registrando menores aportaciones de ríos y acuíferos y una mayor presión sobre los recursos hídricos debido a la ampliación de superficies regables.
Este escenario obliga a gestionar el agua con mayor precisión y eficiencia. Las confederaciones hidrográficas están introduciendo restricciones en las dotaciones de riego y sistemas de control de caudales y volúmenes, lo que obliga a los agricultores a optimizar el uso de éste recurso natural. En este contexto, los expertos coincidieron en que el futuro del regadío pasa por el desarrollo de sistemas inteligentes basados en el conocimiento detallado de las fincas, el análisis del suelo, la climatología y las necesidades específicas de los cultivos.
La incorporación de tecnologías como sensores de humedad, telecontrol o plataformas de gestión del riego permite ajustar las aportaciones de agua en tiempo real, reduciendo consumos y mejorando la productividad. En definitiva, el regadío del futuro no dependerá únicamente de la disponibilidad de agua, sino de la capacidad de gestionarla con precisión, tecnología y conocimiento técnico.