Diversificar geográficamente, útil para invertir en 2021

En las últimas semanas, la coyuntura macroeconómica está protagonizada por varios factores que han derivado en un aumento de la inflación. Aunque aún no está claro que la tendencia se vaya a consolidar, es oportuno preguntarse si este aumento de precios es bueno o malo para las inversiones.

Diversificar geográficamente, útil para invertir en 2021

Por un lado, el primer aniversario del comienzo de la pandemia del coronavirus ha venido acompañado por la ruptura en la cadena de suministros esenciales: por ejemplo, en materiales imprescindibles para la automoción, como es el caso de los semiconductores. Además, el aumento en el precio de los fletes marítimos registrado hace un año no solo no se ha mitigado, sino que se ha disparado a raíz de factores coyunturales, como la crisis del canal de Suez. Lo mismo ha sucedido con las materias primas desde los mínimos de marzo de 2020.

Frente a este bloqueo, la demanda de bienes y servicios experimenta el proceso contrario: aumenta auspiciada por el final de los confinamientos perimetrales y la aplicación de medidas expansivas, tanto monetarias como fiscales, que varias de las economías avanzadas están impulsando.

Este cóctel conlleva un aumento de los precios, que ha devuelto a los mercados el miedo a la inflación. Pero, ¿hasta qué punto hemos de temerla? ¿En qué medida puede afectar a nuestras inversiones y qué opciones tenemos para minimizar riesgos?

Aristóteles decía que la virtud es el justo medio entre dos defectos, y esa es la filosofía que podemos aplicar a la actual coyuntura: tan perjudicial es una inflación intensa como una deflación que se alarga. Y no hay que olvidar que han llegado para quedarse tendencias que fomentan la contención de precios, como la tecnología que posibilita el desarrollo de productos y servicios más baratos o el continuo envejecimiento demográfico en Europa y Norteamérica. Por ello, las actuales tensiones de inflación podrían ser temporales, tal y como esperan organismos como la Reserva Federal de Estados Unidos.

Esta realidad, ya se palpa tanto en la subida de los tipos de interés a largo plazo como en los visos de recuperación económica que evidencian algunos indicadores adelantados. Estas mejoras son mayores en las zonas que han actuado de forma más contundente y rápida para salir de la crisis generada por el COVID-19, como es el caso de Estados Unidos, país en el que ya están ideando un nuevo plan de estímulos, esta vez centrado en la inversión en infraestructuras.

Si 2020 se caracterizó por una marcada divergencia entre la economía real y la financiera, 2021 lo hará por la diferencia entre las zonas geográficas que mejor han controlado el impacto del virus en sus correspondientes economías. Por ello, a la hora de invertir, va a ser útil tener en cuenta las ventajas de la “descentralización”: diversificar geográficamente y buscar aquellas zonas y sectores con mejores perspectivas en el largo plazo, ya que en el corto el exceso de información genera “mucho ruido y pocas nueces”. Para ayudar en ese proceso, es positivo confiar en un gestor que busque las mejores opciones dentro de la globalidad de posibles inversiones.

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22 de abril de 2021